TESALÓNICA
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En la tierra de Alejandro

Es la segunda ciudad de Grecia, pero hubo una época en que fue capital de un Imperio. Ensombrecida a ojos europeos por la luz cegadora de la Atenas clásica, ha conservado más viva su esencia que la ciudad de Pericles. La capital, entre mareas de turistas, obras inacabadas y el abandono que provoca la garra férrea de las finanzas europeas, está cercada y puede sucumbir ante un asedio más temible que el de los otomanos.
Tesalónica, en cambio, muestra un pulso vital que hace olvidar la crisis en sus aspectos más cotidianos. No se aprecia estos días en la ciudad macedonia ni la suciedad ni el deterioro tan visibles en Atenas. Por supuesto no ofrece al visitante tanto atractivo, pues resulta imposible competir con la Acrópolis y los magníficos museos atenienses, pero en su lugar las tabernas cercanas al paseo marítimo, los restaurantes de Ladadika y la avenida Aristotelu son enclaves en plena efervescencia, protagonizada por los propios tesalonicenses. Podría decirse que en Tesalónica puede contemplarse la vida griega en su salsa, mientras que en Atenas el turismo y su entorno lo copan todo. Por sí misma ofrece una excelente escapada a Grecia.

A principios del siglo III d.C. el emperador Galerio sucedió a Diocleciano como Augusto de la parte oriental del Imperio Romano, e instaló su capital en Tesalónica. Este hecho supuso para la ciudad la época de mayor esplendor. Se construyó un gran complejo administrativo y residencial (el palacio de Galerio), varias termas, un edificio de planta circular destinado a ser el mausoleo del emperador, y un gran arco triunfal sobre la vía Egnatia. De todo ello lo más significativo actualmente son el arco y el mausoleo de Galerio, conocido como La Rotonda. Del arco de triunfo queda un tercio, en el que está representada la victoria del emperador sobre los persas. Bajo él pasaba la principal vía de comunicación, que unía el Adriático, en el oeste, con Adrianópolis, en el este.


El destino ilustre de Tesalónica venía de lejos, desde su fundación en 315 a.C. por Casandro, rey de Macedonia a la muerte de Alejandro Magno. El nombre que le puso a la ciudad fue el de su propia mujer, hermanastra del mismo Alejandro. Desde el principio se planificó un trazado ortogonal en torno a una plaza (el foro), con calles que forman una cuadrícula. La mayor parte de este diseño urbano se mantiene desde el puerto hasta la parte más alta de las murallas, todo ello articulado por la avenida principal que de este a oeste cruza la ciudad siguiendo el recorrido de la vía Egnatia.
Los romanos engrandecieron la ciudad, la ampliaron y extendieron la fortaleza macedonia. A partir del siglo V se construyeron las iglesias principales, Agios Demetrios, Ossios David y Ahiropoitos, que conservan hoy gran parte de su aspecto original. También al periodo bizantino corresponde el aspecto actual de la gran muralla que cerraba la ciudad por el norte y llegaba hasta el mar a este y oeste. La original fue edificada por el emperador Teodosio El Grande a finales del siglo IV.
A la orilla del mar, presidiendo un paseo marítimo muy atractivo, repleto de cafeterías y tabernas, se levanta la Lefkós Pirgos (Torre Blanca), un torreón de la muralla que permitía vigilar la llegada al puerto en la Edad Media. En la tradición griega se la llama la Torre Roja, o torre de la sangre, por los griegos presos muertos allí cuando fue una cárcel turca, pero en 1822 un sultán otomano ordenó blanquear sus muros, y de ahí su nombre actual. Hoy alberga un museo sobre la historia de la torre y su relación con la ciudad. Desde su plataforma superior se disfruta de una vista excelente de todo el paseo marítimo y el golfo Termaico.

Uno de los lugares más destacados de Tesalónica es el Museo Arqueológico, donde se puede seguir una muestra de su pasado macedonio y romano. Alberga buena parte de los mejores hallazgos de los sitios arqueológicos de la región, como Egas, Filipos, Dión, Olinto y Anfípolis.
Sin ninguna duda no debe dejarse pasar la ocasión de visitar algunos de ellos. El santuario panhelénico de Dión, a los pies del monte Olimpo, queda a menos de una hora de distancia en coche en dirección a Atenas. Hacia el norte Pella, la capital de Filipo y Alejandro, merece una visita, en especial su magnífico museo. Y desde luego no debe olvidarse la necrópolis real de Egas, en Vergina, con las tumbas reales de la dinastía macedonia. A la espera de que se concreten los nuevos hallazgos, los alrededores de las localidades de Vergina y Naousa muestran varias tumbas de reyes y nobles macedonios de gran calidad. ( La web Macedonian Heritage informa con detalle, y con mucha calidad en la presentación, de todo lo referente al pasado de Macedonia)

Tesalónica también es punto de partida para visitar la península Calcídica y su famoso Monte Atos, enclavado en el extremo sur de la pata más oriental de la península.

Volviendo a la ciudad, hay varias zonas del centro que merecen pasearse. El primero es la ciudad alta, en torno a las murallas bizantinas. Tabernas, callejuelas de casas bajas, plazoletas encantadoras a ambos lados de la muralla, y pequeñas iglesias de barrio componen un escenario evocador, a medio camino entre la tradición griega y la influencia oriental otomana.

El segundo es sin duda la avenida Aristotelu, con tiendas de calidad y cines. Su trazado comienza cerca del antiguo foro y del ágora, y desemboca en el mar en una plaza encantadora. Allí se conecta con la Nikis, el gran paseo marítimo que enlaza la Lefkós Pirgos con el puerto y el barrio de Ladadika, polo de diversión nocturna habitual. Los días festivos sus terrazas y restaurantes están abarrotados, y jóvenes y mayores pasean a la orilla del mar disfrutando del sol y la suave brisa que llegan del golfo Termaico. Es muy recomendable adentrarse por las pequeñas calles que parten de la Nikis buscando las tabernas y ouzerias más populares, donde pueden consumirse excelentes platos tradicionales griegos: tomates rellenos, hojas de parra rellenas (dolmades), salsa de yogurt (tzatziki), ensalada griega, berenjenas cocinadas de distintas formas, mousaka, pescados marinados, calamares (kalamaria), queso rebozado frito (saganaki), empanadillas de queso (tyropita) etc.

El tercer itinerario es quizá el más atractivo: parte de la Rotonda, sigue por el arco de Galerio y continúa por las calles aledañas, con mansiones decimonónicas, casas, baños turcos e iglesias bizantinas. Una de las mansiones otomanas mejor conservadas pasa por ser la casa natal del fundador de la República Turca, Mustafa Kemal. La embajada turca se encuentra al lado y ha englobado todo el conjunto, convirtiéndolo en lugar de visita obligada para numerosos turistas turcos.

 

 

Para más detalles

* VisitGreece (en inglés)

http://www.visitgreece.gr/en/main_cities/thessaloniki

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Jesús Sánchez Jaén
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